Presentación

Hola a tod@s:


El presente blog nace con la idea de difundir la poesía que nace desde el corazón del alma. Busca la más pura sintonía y armonía del ser humano con el alma de las letras. Esperando tocar las fibras sensibles del corazón de la humanidad y allanar el camino de la literatura en un mundo gobernado por la crisis y el desatino de los gobernantes. La crítica social y ciudadana impregnarán las páginas que se escribirán a lo largo de los días procurando que al menos una vez por semana hayan nuevos contenidos y poesías, así como breves relatos que se publicarán por fascículos.


Un abrazo a tod@s


El escritor





Erik Diez-Tino Lennvall


31 de Enero de 2012

Capítulo 1

          I

Caía la noche y en su mente entretejida tras las telarañas del recuerdo asomaba una mano. Todo le parecía un laberinto, un juego de múltiples colores que le atraían fatalmente hacia un destino desconocido y temido. Colores teñidos de púrpura salpicados de tonalidades rojas y nubes negras daban color a su mente retorcida por el espanto…
Entre sudores y sin saber por qué Juan  se despertó sin recordar nada de lo que había ocurrido la noche anterior. Su mirada perdida, sus ojos enrojecidos delataban claramente una noche de excesos y alcohol. Juan inclinándose hacia la cama notó una suave presencia de terciopelo, una hermosa criatura salida de los cuentos de Isildur… una bella diosa desnuda. Juan, no conseguía recordar cómo el destino había traído a aquella hermosa criatura a su cama. Todo en ella animaba a las más fervientes perversiones, su torso desnudo, sus voluptuosos senos, su bello rostro… de labios rojos e intensos daban la sensación de estar bañados en sangre,… sangre que Juan estaba dispuesto a devorar. Juan acercó sus labios a los de ella y la besó, lo cual hizo que la hermosa criatura de la que desconocía todo excepto que se sentía extrañamente atraído por ella abriera sus ojos. Sus ojos verde azulados hicieron que Juan recordase los tiempos en los que vivió en Fuerteventura, una de las islas Canarias. Las aguas del Océano Atlántico al noroeste Africano. Sus playas rebosantes de vida y sus calas de arena de jable teñidas de azul y verde mar. Allí Juan paso algunos de los años más felices de su vida adolescente.
Ella se abrazó a el y gimió – Juan.
Eh… si…
Siguió recorriendo su cuerpo con la mirada, le parecía un ser irreal, un sueño.  ¡Imposible! no entraba en su mente que tan hermosa mujer estuviera a su lado. Finalmente, sin pensarlo  más se lanzó sobre ella y se amaron apasionadamente toda la noche.  Juan estaba como en éxtasis, su cuerpo temblaba sobre el de ella como la piel de un recién nacido lo que a ella le hizo gracia…
-¿Que te ocurre Juan? ¿Por qué tiemblas?...
-Na…, nada… me ocurres … tu.
La beso tiernamente en la mejilla y fue bajando por su terso cuello hasta llegar al hoyuelo que une la garganta con su pecho, … ella se estremeció. Con sus manos estrechó su cintura fuertemente y la notó temblar; en ese instante recobró  su vitalidad y su fuerza y por un momento volvió a ser ese chiquillo de Fuerteventura que correteaba por la playa con su tabla de surf a la espalda; ese, al que no le temblaban las piernas, ese, que temía a nada y nadaba entre tiburones.
A la mañana siguiente cuando Juan despertó la chica había desaparecido y en su lugar solo había una rosa y una nota escrita con una pluma , en la que se podía leer:
Gracias por una noche inolvidable
Sarah Carrasco.
Juan recogió la rosa y una espina atravesó su piel, manchando de rojo carmesí las sábanas de su cama. La nota tenía un extraño pero intenso perfume que le hacía estremecer. Salió al balcón para ver si todavía podía encontrarla, pero al igual que había aparecido la noche anterior se había esfumado en la todavía etérea bruma de la mañana. Todavía temprano Juan decidió volver a la cama.
Cuando Juan volvió a despertar miró su reloj y vio que eran las diez y media. De un salto se levantó recordando que debía ir al periódico donde trabajaba para hablar con el Director que debía estar ya esperando un artículo desde las diez de la mañana. Si había algo que le pusiera de mal humor era que se retrasasen en entregarle un artículo.
Sonó el móvil de Juan sobre las mesita de noche. Lo cogió.
-Si
-Buenos días, soy Pedro, por si no lo recuerdas soy el director del periódico en el que tu trabajas y a la vez el que firma tu nómina…
-Lo siento Pedro, pero me ha sido imposible llegar al periódico, estoy en un atasco terrible en la gran vía  -mintió descaradamente.
-Déjate de pamplinas y ven inmediatamente al periódico y por tu bien espero que me traigas el artículo que estoy esperando.
¡Clic! Se escuchó en el auricular. Eso solo puede significar una cosa, Pedro estaba bastante mosqueado…
  Pedro se había ganado fama a nivel nacional como uno de los Directores de carácter liberal más riguroso con las noticias que aparecían en su periódico. Su periódico había ido aumentando el número de ventas paulatinamente desde su creación debido a su buena gestión y a la calidad de sus periodistas que tenían una máxima; la veracidad de lo escrito. Persona afable, siempre iba con un traje oscuro y era muy reconocido por sus compañeros.
Juan cogió su coche y se puso en marcha de Pedro. Golpeó suavemente la puerta con los nudillos.

Juan asomó la cabeza por si había tormenta…
 -¿Cómo va eso Jefe? Disculpe por la tardanza, pero la gran vía estaba fatal y …
-Pasa, pasa y déjate de historias… Juan- Le dijo en tono paternalista. Tengo que hablar contigo seriamente. Llevas varios años trabajando para nosotros y has escrito algunos buenos artículos, pero tienes un gran defecto, y es tu informalidad. He pensado que no te vendría mal trabajar conjuntamente con alguien más centrado que tu. Es una fotógrafa que ha estado trabajando para un periódico americano y que viene con muy buenas referencias…
-Pero jefe –replicó Juan –ya sabe que  a mi me gusta trabajar solo y …
-Tisk, tisk, no hay discusión, trabajarás con ella y se acabó. Se que algún día me lo agradecerás. Además tus artículos siempre han adolecido de un defecto de calidad fotográfica, y nuestro periódico no puede permitirse publicar fotos de baja calidad, por muy bueno que sea el periodista que escribe los artículos.
Su conversación se vio interrumpida por la llegada de un teletipo que decía: - Desaparición de persona importante en la población de la Herradura en Granada.
-Mira –dijo Pedro- es la oportunidad perfecta para presentarte a tu compañera, iréis allí e intentaréis averiguar todo lo posible.
Pedro tocó un botón del interfono que comunicaba su despacho con el de su secretaria… -Señorita Pérez, haga pasar a la fotógrafa.
Detrás de Juan chirrió la puerta del despacho y apareció ella… Sarah Carrasco.
-Te presento a Sarah Carrasco. Espero que os llevéis bien.
La sorpresa de ver a Sarah allí hizo que Juan se atragantara con una galleta que había cogido de la mesa de Pedro. Sarah le hizo una señal para que la siguiera ala exterior del despacho…
-Oye, mira, … lo de anoche pasó a la historia, así que espero que no nos afecte en el trabajo…
-¿Cómo?,.. yo pensaba que había sido algo especial… y…
-Mira , chico, no te tomes así las cosas. Yo soy una mujer independiente y hago lo que quiero con mi cuerpo. Nos toca trabajar junto y eso es todo lo que hay y nada más… Y ahora a trabajar!
Sarah era una mujer explosiva, de esas que te dejan sin aliento, de las que puedes desear pero no meter en una cajita para admirarla. Era un volcán en erupción casi siempre dispuesta a estallar. Su larga melena rubia y sus ojos verde azulados y su sonrisa de marfil hacían que los hombres no le pudieran negar nada. Tan atrayente, tan cálida como peligrosa. Enamorarse de ella era meterse en la boca de un león hambriento. Así que Juan decidió que era más sabio no complicarse la vida en este momento y aceptar que lo que había pasado la noche anterior sería un recuerdo que jamás olvidaría, pero eso, solo un recuerdo.
Al atardecer Juan y Sarah cogieron un buelo de la compañía Iberia desde Madrid Barajas hasta el aeropuerto de Málaga. Una vez allí alquilaron un seat Ibiza y de allí partieron hacia la Herradura.   El viaje fue silencioso. Juan no podía dejar de pensar en la noche anterior, una noche en la que Sarah rebosaba pasión, y ahora absorta en la lectura de una novela, El Maestro de Esgrima de Pérez Reverte, daba la sensación de parecer una mujer fría y calculadora, una mujer que en nada se parecía a la que gemía la noche anterior entre sus brazos. Llevaba puesta una camiseta de tirantes color beige y el pelo recogido. Sobre su regazo una bolsa de fotógrafo donde llevaba sus cámaras. No se separó de ella ni en el avión.
A Sarah le entusiasmaba la lectura, a sus veintidós años había leído más de ochocientos libros. Era una mujer apasionante. Te podía  hablar sobre cualquier tema… amor, política religión, coches, fútbol. Sus ojos sin embargo revelaban muy poco sobre ella misma, esto exasperaba a Juan quien se preciaba de si mismo por conocer a las personas simplemente mirándolas  a los ojos. Los de Sarah parecían los de un jugador de Póker, profundos, distantes, inescrutables, parecía estar siempre jugando de farol, pero siempre con una jugada maestra.
Sus palabras estaban siempre dominadas por la dialéctica que aprendió durante sus primeros años de estudios universitarios en la facultad de derecho del Icade.  Juan hubiera  dado hasta su vida por comprender solo una minúscula parte del Universo que se fundía en el alma de ese ser extraordinario.
Juan conducía el coche camino de la herradura y notó que Sarah se había dormido. Apoyaba suavemente su dorada cabeza sobre la puerta del Ibiza. Juan recorrió con la mirada el cuerpo de Sarah y al bajar la mirada descubrió que los labios de la comisura que formaban su escote se habían entreabierto dejando entrever uno de sus aterciopelados senos. Juan se excitó sin poder apartar la mirada de ella. De repente “chas” un fogonazo de luz y un “piii” de la potente bocina de un camión sacaron del aturdimiento provocado por la visión del pecho de Sarah. Un volantazo impidió que chocase el Ibiza.   El ruido hizo que Sarah se despertase, reincorporándose.
-¿Qué  ocurre?
-Na…, nada, solo me despisté un poco.
Sarah se dio cuenta de que el escote se le había bajado, dejando entrever su pecho. Se colocó bien su escote a la vez que esbozó una maquiavélica sonrisa. Sabía perfectamente qué era lo que había hecho perder la concentración a Juan, pero no dijo nada, solo se limitó a sonreír perversamente.
Se acercaban a la Herradura cuando el “bip”, “bip” del reloj de Juan le hizo percatarse de que eran las dos de la noche. La Herradura, antaño un pequeño pueblo de pescadores,  se había transformado durante los años cincuenta a setenta,  con la progresiva pérdida de la pesca, en un pueblo básicamente de subsistencia turística. Al ir llegando Juan pudo deducir claramente por qué aquel pueblo había recibido el nombre de La Herradura. Entre los pinos que bordeaban el pueblo pudo distinguir la playa que brillaba entre las montañas que bordean el pueblo. Besaba la playa una capa azul oscura salpicada por brotes de luz de las farolas del paseo marítimo. La luna y las estrellas resplandecían sobre un  mar que parecía estar forjado de sedas púrpuras y  amarillas dignas del mejor rey de Persia.
A Juan le parecía aquel un lugar mágico, en el cual, durante sus años de adolescente había compartido la dulzura exuberante del primer amor.
Paró el coche en un recodo de la oscura carretera y salió de él. En lo alto de la colina cuyos pies descansaba tranquilo y silencioso el pueblo de La Herradura  Juan sintió ser el único ser sobre la tierra. Aquel silencio y aquella soledad impactantes trajeron muchos recuerdos  a su mente que se vieron interrumpidos por la cálida mano de Sarah sobre su espalda. Un escalofrío mayor que el producido por el paisaje se introdujo en su mente al notar su mano suave y su perfume…
-Venga, vamos hacia el hotel, estoy cansada y mañana tenemos mucho trabajo que hacer.
Cuando llegaron al hotel eran las tres de la mañana, y ambos cogieron sus llaves y subieron  a sus habitaciones. Arriba en el pasillo Sarah dirigió su mirada hacia Juan…
-Buenas noches Juan…
-Buenas noches. –Juan esperó hasta que Sarah entro en su habitación. Albergaba la esperanza de que le invitara a pasar la noche, sin embargo Sarah entró en su habitación cerrando la puerta tras de sí. Juan  no podía dejar de pensar en la noche anterior. Para el había sido la mejor noche de toda su vida. Sarah era la mujer que el siempre había soñado, y aún así no conseguía recordar cómo la había conocido y seducido la noche anterior,… si es que la había seducido él.
Dejó la maleta sobre un sillón que había en la habitación y se asomó al balcón. Era una noche calurosa de Julio de mil novecientos noventa y tres. El balcón se asomaba directamente a la bahía y entre dos pequeños barquitos de pesca y la oscuridad pudo reconocer las siluetas de dos jóvenes que en la arena estrechaban sus cuerpos. De ella solo pudo ver su larga melena y una escultural silueta entre las sombras, de él, su altura y torso bien formado probablemente por la práctica de algún deporte relacionado con la musculación. Su mente volvió a volar hacia atrás en el tiempo cuando el mismo retozaba en el mismo lugar con su primer amor. El calor de la noche y una suave brisa acariciaban sus cuerpos mientras los amantes se estrechaban en un abrazo de fuego y sal… Juan no podía olvidar  aquella sensación que marcaría el futuro de todas sus relaciones. Siempre buscó alguna semejanza, con aquellas sensaciones  de su primer amor pero nunca fue igual. Solo Sarah había conseguido llevar a Juan a aquella plenitud que descansaba en las arenas de la playa dispuestas a ser redescubiertas. 
Juan decidió dejar solos a los enamorados y se acercó a la televisión, buscó un canal, pero solo pudo encontrar uno, antena 3. Estaban dando las noticias. Un breve comentario sobre los san Fermines fue seguido por una noticia que hizo despertar a Juan.
-…El Conde Lázaro de Astorga de 43 años que había desaparecido ayer en el hotel Bahía Azul de la Herradura ha sido encontrado esta noche con una herida producida por arma de fuego en el tórax.  Más adelante les ofreceremos  una información más detallada.

Juan apagó la televisión y salió al balcón a respirar el aire fresco de la noche, se tumbó en una hamaca que había en el balcón y se quedó dormido pensando en Sarah.

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