Presentación

Hola a tod@s:


El presente blog nace con la idea de difundir la poesía que nace desde el corazón del alma. Busca la más pura sintonía y armonía del ser humano con el alma de las letras. Esperando tocar las fibras sensibles del corazón de la humanidad y allanar el camino de la literatura en un mundo gobernado por la crisis y el desatino de los gobernantes. La crítica social y ciudadana impregnarán las páginas que se escribirán a lo largo de los días procurando que al menos una vez por semana hayan nuevos contenidos y poesías, así como breves relatos que se publicarán por fascículos.


Un abrazo a tod@s


El escritor





Erik Diez-Tino Lennvall


31 de Enero de 2012

Capítulo 3

                           III
Una vez en la comisaría se acercaron a uno de los policías que estaban en la puerta. Resultó ser el sargento de guardia. Le preguntaron por el comisario García. Tras pedirles la identificación les notificó que el comisario había tenido que salir un momento a resolver un asunto policial. Les acompañó a un despacho y les dijo que esperaran allí al comisario.
El despacho resultó ser el del comisario García. Estaba lleno de placas y medallas al valor. El comisario de joven había estado destinado en el país Vasco en donde había realizado una gran labor en la lucha contra el terrorismo. Ahora en su madurez le habían dado el puesto de comisario en un lugar más tranquilo. Un pueblo costero con el que siempre había soñado. Una foto de su familia se veía sobre la mesa. De ella dedujo Juan que estaba casado y que tenía dos preciosas hijas.
La puerta del despacho se abrió y apareció el comisario. Tenía una espesa barba blanca y su cabeza lucía una amplia calva que delataba su ya avanzada edad, cercana a la jubilación. Era un hombre enjuto, algo tosco, pero amable y dispuesto a conversar con dos desconocidos.
-Buenos días-dijo el comisario.-Ustedes dirán que les trae por mi despacho.
-Buenos días.-respondió Juan.- Como sabrá somos periodistas del diario 16 y  nos gustaría tener una charla con usted sobre la muerte del Conde Lázaro de Astorga.
-Les responderé a lo que pueda, pero como comprenderán esta es una investigación por asesinato y lo que les pueda  contar de momento será muy limitado, ya que puede afectar a la investigación.
-¿Qué puede decirnos sobre las causas de la muerte?-Inquirió Juan.
-Bueno, solo puedo contarles que encontramos al Señor D. Lázaro de Astorga tendido en su cama con un impacto de bala que le atravesaba el pecho de lado a lado.-La forma de hablar del comisario resultaba algo rimbombante y anticuado para los tiempos que corrían y a Sarah le resultaba algo molesto, aunque la cara amable y bonachona del comisario mitigaba este sentimiento.
-¿Tienen algún sospechoso?-Preguntó Juan.
-Seguimos la pista de alguien cercano al conde, aunque no puedo decirles más.
 -¿Podría decirnos algo sobre el arma que se utilizó en el crimen?- investigó Juan a la vez que Sarah tomaba una foto del despacho del comisario.
-Si prometen no publicarlo hasta que yo les avise …
-De acuerdo- Aceptó Juan intrigado.
-Se utilizó una treinta y ocho, que es el arma típica de la policía americana. No tenía huellas, pero encontramos un cabello que podría ser del asesino.
-¿Qué razones creen que podría tener el asesino?
-Aún no lo sabemos, pero aunque las supiésemos con certeza tampoco podríamos revelárselas en este momento.
-Sr. Comisario…-Exclamó Sarah lanzándole una mirada sensual a la vez que deliberadamente hizo sobresalir una pierna por la abertura de la falda que le llegaba hasta la misma cintura.-Nos contará lo que sepa antes que a nuestros colegas…¿Verdad? – Desde luego Sarah sabía cómo pedir las cosas. Nadie podría negar que sabía utilizar sus armas de mujer, esi sí siempre de la forma más elegante. Era una auténtica mujer…
El comisario titubeante y algo aturdido ante semejante alarde de sensualidad contestó…- Ha… haré lo que este en mi mano señorita…
Juan interrumpió aquella escena tal vez por celos, o tal vez por sacar al comisario del aprieto en el que Sarah le había situado.
-Sr. Comisario, le agradecemos mucho su ayuda y le pido disculpas por las molestias. Le agradecería que nos llamara a este número cuando pueda darnos algunas información suplementaria.- Juan le entregó una tarjeta con su número.
-Por supuesto- dijo el comisario.
Juan y el comisario se dieron la mano, mientras Sarah se despidió con un ardiente beso en la mejilla. El comisario se quedó mirando a aquella mujer que salía de su despacho sin poder apartar la mirada de…, bueno de ese lugar donde la espalda pierde su nombre.
Al tiempo que salían, el sargento de guardia entraba en el despacho del comisario, que seguía algo anonadado por la visión de la sublime belleza de Sarah.
-¿Se van ya? –Preguntó el Sargento.
-Si, hasta luego.-Contestó Juan cerrando la puerta.
Una vez solos en el despacho el comisario hizo un comentario al sargento. -¿Has visto alguna vez a una mujer como esa, Manolo?
-Comisario, que está usted casado…, aunque no, la verdad es que está para mojar pan…
-¡Qué mujer!

-¡Si!

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