Presentación

Hola a tod@s:


El presente blog nace con la idea de difundir la poesía que nace desde el corazón del alma. Busca la más pura sintonía y armonía del ser humano con el alma de las letras. Esperando tocar las fibras sensibles del corazón de la humanidad y allanar el camino de la literatura en un mundo gobernado por la crisis y el desatino de los gobernantes. La crítica social y ciudadana impregnarán las páginas que se escribirán a lo largo de los días procurando que al menos una vez por semana hayan nuevos contenidos y poesías, así como breves relatos que se publicarán por fascículos.


Un abrazo a tod@s


El escritor





Erik Diez-Tino Lennvall


31 de Enero de 2012

Capítulo 2

                      II
Sobre las ocho de la mañana sonó el timbre de la puerta de la habitación de Juan. El sonido agudo del timbre hizo sobresaltar a Juan de tal modo que se cayó de la hamaca. Un poco aturdido se levantó y fue a abrir. Tras el umbral de la puerta apareció la esbelta figura de Sarah envuelta  en un vestido blanco que parecía hecho de gasa, el cual insinuaba aún más sus lascivas formas. Juan la hizo pasar…
-¿Qué hora es?
-Juan, no recuerdas que teníamos una cita a las nueve y media con el comisario García Riduejo.
-Si, bueno, enseguida me arreglo.- Dijo Juan todavía aturdido por la repentina, pero agradable aparición de Sarah.
Juan entró en el cuarto de baño, puso la radio y le dio una vuelta al  grifo de la ducha. En la radio pudo escuchar un breve avance sobre el asesinato acaecido la noche anterior.
El hotel se había llenado de periodistas y curiosos debido a la importancia que tenía el suceso. Un noble asesinado atraía a toda la masa de informadores, periodistas y fotógrafos de las revistas más y menos prestigiosas del país. Desgraciadamente  este tipo de asuntos atraían a lo que Juan consideraba la morralla de la profesión, los de la prensa del corazón. No le gustaban esos programas de la prensa rosa que se forraban con las miasmas de algunos famosos  o pseudofamosos.
El agua tibia caía sobre sus hombros mientras Juan fantaseaba en su mente con la visión de Sarah entre sus brazos la noche en la que la conoció… Un golpe en la puerta le hizo despertar, y la voz de Sarah dándole prisa para que bajara a desayunar hizo que cerrara el grifo de la ducha y que se vistiera rápidamente.
Juan salió del cuarto de baño y Sarah y él se dirigieron al comedor del hotel, se sentaron en una mesa y pidieron el desayuno. La decoración del comedor del hotel hacía recordar al pueblo marinero que antes había sido. Una red que colgaba de la pared posterior de la sala estaba ensartada de corales y estrellas de mar sobre el fondo azul de la pared. Una pequeña barca que servía para exhibir el pescado en hielo a la hora del almuerzo descansaba ahora vacía en la entrada como esperando a los marineros para hacerse a la mar y recoger los frutos que esta les ofrece. A Juan todo esto le volvía nostálgico, a él  le habría encantado ser marinero de un barco de pesca, pero de aquellos de los que había cuando aún pescaba con anzuelo y arpón como aquellos héroes de Moby Dick que leía cuando era pequeño. El hombre cuerpo a cuerpo contra el animal. Una lucha justa…
Juan pidió una café y unas tostadas y Sarah una raja de melón y un zumo de uva.
Juan no podía apartar la mirada del escote de Sarah cuando ella dijo: -¿Quieres dejar de mirarme con esa cara de ternero degollado?
Juan apartó la mirada y se disculpó.
-Lo siento Sarah, pero no puedo evitar el que me gustes –masculló entre dientes. – He oído por la radio,-continuó- que ha aparecido el Conde de Astorga muerto…
-Si,-dijo Sarah con aire de  autosuficiencia,- yo también lo he  oído, debemos darnos prisa si no queremos que alguien nos pise la noticia. El inspector García es un hombre muy ocupado, así que procura elegir bien las preguntas, porque solo nos atenderá durante cinco minutos. Mientras que tu hablas  con él, yo procuraré sacar algunas fotos del despacho.
-De acuerdo. Oye Sarah… no puedo dejar de pensar en ti  y en la noche que pasamos juntos y…
-Pues, olvídalo, fue una noche magnífica, así que no la estropees. Y ahora, volvamos al trabajo.
Aquella frialdad en las palabras de Sarah dejaron atónito a Juan. No podía creer que aquella mujer fría y calculadora fuese la misma que tuvo en sus brazos suspirando y gimiendo su nombre.
Juan y Sarah se levantaron de la mesa. Sarah miró  le miro…
-Juan, espérame en al recepción, tengo que subir a por la cámara.
El dijo que la esperaría en el bar. Juan se acercó a la barra y pidió un zumo de piña y encendió un cigarrillo mientras esperaba por aquella mujer que dominaba y nublaba su mente.
-¿Algún problema?- Le preguntó el camarero amablemente.
-¿Qué?
-Disculpe mi indiscreción señor, simplemente le veía preocupado.
-No, lo siento, discúlpame tu, pero no estoy acostumbrado a contarle mis penas a la gente.
-No quería molestarle señor.
-No me molestas amigo. Son solo mis problemas.
-Le sirvo algo más.
-No gracias…. Las mujeres son difíciles de entender a veces…
-Eh…
-Simplemente es que una mujer me está volviendo loco.
-¿Alguna que no le hace caso señor?
-Bueno, no es que no me haga caso, pero … A veces parece muy cariñosa, pero otras veces parece una bruja.
-Señor, a veces hay que pasar del amor al odio y al revés para que las cosas funcionen. Entre ambas emociones solo hay un pequeño paso.
-Quizás tengas razón. Gracias.
Cogió su zumo y se sentó en una mesa a a esperar a Sarah. Por mucho que intentara estudiar su mente no conseguía entender cómo funcionaban los mecanismos que guiaban su actitud. Juan se puso a pensar en su conversación con el camarero. No era el tipo de persona que comentan a un extraño sus sentimientos. No conseguía entender por qué le había abierto así su corazón a aquel camarero.  Absorto en estos pensamientos, no se dio cuenta de que una mujer se acercaba a él por detrás. Era una mujer a la que él había conocido muchos años atrás cuando estuvo viviendo en un pueblo cercano a la Herradura llamado Almuñecar. Carmen, que así se llamaba puso sus manos sobre los ojos de Juan y le preguntó:
-¿Sabes quién soy?
Juan aspiró el perfume que salía de  sus manos y creyó recordar un aroma  que para él había sido muy familiar muchos años atrás, aunque no podía creerlo, no en aquel lugar. Apartó las manos de sus ojos y se halló frente a frente con Carmen. Efectivamente, aquel aroma pertenecía a aquella sensación de años atrás. Juan había intentado contactar con ella muchas veces, pero siempre sin conseguirlo, y sin embargo allí estaba con su pelo negro azabache, sus ojos negros y sus carnosos labios rosados por el carmín que a Juan tanto le gustaba. Juan se levantó y la abrazó tiernamente dándole un beso en la mejilla  muy cerca de la comisura de sus labios.
-¿Qué haces tu aquí? Pensaba que vivías en Granada.
-Verás Juan, me casé con  el Conde Lázaro de Astorga-Dijo Carmen soltando una lágrima- Pasábamos nuestras vacaciones aquí y ahora… ya no está.
-Lo siento. Yo…
Carmen se echó entre sollozos en sus brazos. Carmen había querido parecer una mujer fuerte al presentarse a Juan, pero a su vez sabía que ella nunca podría ocultarle sus verdaderos sentimientos. De hecho, aunque habían pasado muchos años y aunque cada uno había  emprendido caminos diferentes, ambos todavía mantenían vivo el fuego de ese primer amor que nunca se olvida. Juan la calmó y la llevó a su habitación. Llamó  a un médico quien le dio un calmante y la dejó dormir en su habitación.
-Aquí la prensa no te molestará. Debo irme ahora, pero intentaré volver pronto.
Juan salió corriendo hacia la recepción del hotel donde Sarah le esperaba un tanto exasperada.
-¿Dónde has estado?-Le gritó Sarah. Llevo media hora esperándote.
Juan le contó lo sucedido mientras cogían el coche para ir a la comisaría. Sarah se calmó y le dijo a Juan que a la vuelta deberían hablar con la viuda. Esto puso a Juan en un aprieto ya que no quería molestar a Carmen con las típicas preguntas sobre ¿quién podía desear su muerte?¿Si había notado algo extraño en los últimos días? O si alguien extraño había visitado últimamente al conde …etc. Aún así pensó que debía separar su trabajo de las razones sentimentales que pudiera tener y asintió con la cabeza a la propuesta de Sarah. El resto del camino Juan se amantuvo en silencio.


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