Nublan mi razón las noches,
aquellas del Guadalquivir,
ni cielo ni tierra quiebran tu pasión.
Noches de Almijara, y almizcle
olores de mi tierra mora,
noches de almadraba,
quebranto en el alma,
el alma de los hombres
de la inmunda mar.
Noches secas de Cordoba
la llana y sus olivares
noches tiernas de romance
devaneos en la era
del tío Tomás.
Truenos resuenan en la era
bufidos y soplidos resignados
de quien no quiere que se pierda
la blancura perezosa de abril.
Granada retumba de heridas ajada
en sus entrañas olvidados están.
Almas perdidas de ayer,
poetas pasados y presentes,
qué canallas apagaron tu sed.
Por la Alhambra vi pasar,
vi pasar a Tarik el grande,
a lomos de su corcel.
Recorría la sierra,
sierra de lomos blancos
sierra altanera
de almendros jalonada,
hasta las blancas arenas
de la tímida Almería.
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